ISSN 2773-7705
Periodo. Julio – Diciembre 2021
Vol. 5, Nro. 2, Publicado: 2021-12-31
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también tiene efectos negativos en el desarrollo de las
naciones y de las sociedades. Por eso es que la
erradicación de la homofobia es un problema que nos
atañe a todas y todos.
La homofobia puede expresarse como discriminación
y/o violencia. A su vez, la discriminación puede
entenderse como cualquier acto u omisión basado en
el género, la etnia o la orientación sexual que
obstruya o socave el acceso de una persona a los
derechos humanos y las libertades (Gaceta Oficial,
2016). La violencia también puede expresarse en
actos u omisiones que causan a una persona daños o
sufrimientos físicos, psicológicos o sexuales
(INMUJERES, 2019).
La salud mental es un aspecto fundamental del
bienestar humano y se define como el estado en el
que los individuos son conscientes de sus propias
capacidades, capaces de hacer frente al estrés en la
vida diaria, de trabajar de forma productiva y de
contribuir a la comunidad (OMS, 2013). La salud
mental puede verse afectada por diversos factores
biológicos, sociales y ambientales (OMS, 2013).
Entre los factores sociales están las cuestiones de
discriminación y violencia, como es el caso de las
personas con diversas orientaciones sexuales o
identidades de género (Meyer, 1995, 2003). Una
variedad de esta discriminación y violencia es la
homofobia. La homofobia se define como el odio, el
miedo o la aversión hacia las personas lesbianas,
gays, bisexuales y transexuales (en adelante, LGBT)
(Herek, 2004; UNESCO, 2015)
La homofobia tiene raíces sociales en tres aspectos
del sistema de género. En primer lugar, el hetero-
sexismo, entendido como un sistema ideológico que
considera la heterosexualidad como la única norma y
orientación sexual (Herek, 2004). Esta ideología está
inextricablemente vinculada a la supuesta necesidad
humana de reproducirse que sólo categoriza a las
personas como hombres o mujeres (Warner, 1993;
Wittig, 2005). En segundo lugar, el cumplimiento de
los estereotipos de género, o un conjunto de creencias
sobre cómo deben comportarse los hombres y las
mujeres (Rocha & Díaz-Loving, 2011), derivado de
una perspectiva de género binaria o de la norma
hegemónica de socializar según las reglas que
regulan la feminidad si la persona es mujer y la
masculinidad si es hombre (Ortíz-Hernández, 2005;
Castañeda, 2006). Por último, existe el
androcentrismo, que coloca al hombre y a la
masculinidad por encima de la mujer y la feminidad
(Castañeda, 2006; Lagarde, 1997; Ortíz-Hernández,
2005). Las expresiones de homofobia incluyen la
homofobia internalizada (HI): la aceptación por parte
de la persona LGBT de las premisas y creencias
negativas que rodean la diversidad sexual (Ortíz-
Hernández, 2005; Ross & Rosser, 1996).
La literatura sugiere que las personas LBGT suelen
estar más afectadas por la depresión, la ansiedad y el
consumo de alcohol y drogas ( Cochran & Mays,
2006 ; Russell, 2006 ) que los heterosexuales (
Almeida et al., 2009 ; Mustanski, Garofolo &
Emerson, 2010 ), También sufren de una angustia
arraigada en la discriminación, la violencia y el
estigma que experimentan ( Herek & Garnets, 2007 ;
Meyer, 1995 ; Meyer, 2003 ; Ortíz-Hernández,
2005), para los cuales la homofobia internalizada es
uno de los principales factores de riesgo.
Otros datos de estudios mexicanos muestran que el
consumo de alcohol es más frecuente entre la
comunidad LGBT y que dos de los principales
motivadores del abuso de alcohol son la
discriminación y la violencia homofóbica (Espolea,
2015; Mendoza, Ortíz & Román, 2016). Los datos
muestran que casi el 90% de los hombres gays y las
mujeres lesbianas consumen alcohol (el 8% de los
hombres gays y el 5% de las lesbianas beben alcohol
al menos dos veces por semana). Este tipo de
información indica que, a pesar de la discriminación
y la violencia que experimenta la población LGBT
que comparte las mismas raíces sociales, el