ISSN 2773-7705
Periodo. Julio - Diciembre 2025
Vol. 13, Nro. 2, Publicado 2025-12-31
https://revistas.itsup.edu.ec/index.php/Higia
deterioro dental. De manera similar, la madre
3 también asocia directamente el consumo de
dulces con la caries dental y muestra
conciencia sobre las consecuencias que este
tipo de alimentos tienen en la salud oral
infantil: “Sí, porque él come muchos dulces”.
La madre 5, por su parte, también identificó
que “cuando comen dulce se les daña” la
dentadura, lo cual muestra una comprensión
empírica de la asociación entre el azúcar y la
formación de caries, a pesar de que no se
explicite un conocimiento técnico o
profesional. En un tono similar, la madre 6
aunque utilizó un lenguaje más simple, refleja
una noción básica de los procesos que
favorecen la descomposición dental.
Estos hallazgos muestran que, incluso sin
acceso a una formación adecuada, las madres
han desarrollado criterios de evaluación
basados en la experiencia directa con sus hijos,
los cambios en su salud bucal y la información
que han recibido por fuentes informales.
Dicho reconocimiento del vínculo entre la
dieta y salud dental aparece entonces como
una constante en las respuestas,
configurándose como un conocimiento
popular que, sin embargo, requiere ser
fortalecido desde un enfoque educativo por el
personal de salud.
Por otro lado, en relación con las prácticas
cotidianas de alimentación, la investigación
reveló patrones y desafíos recurrentes. A razón
que las madres declararon ser las encargadas
de elegir y preparar los alimentos que
consumen sus hijos e hijas, se las ubica como
figuras centrales en el proceso alimentario del
hogar. Dicha posición, sin embargo, está
mediada por factores como el rechazo infantil
alimentario, las preferencias alimenticias, las
condiciones socioeconómicas e interferencias
externas especialmente de otros familiares o
instituciones como la guardería.
Respecto a los alimentos consumidos durante
el día, las respuestas fueron relativamente
homogéneas donde se mencionan con
frecuencia el pollo, carne, arroz, huevo, sopas,
cremas de legumbres y granos como los
productos más comunes. Algunas otras, como
la número 1, declararon no conocer
completamente qué consumen sus hijos fuera
del hogar, aunque tienen claridad que se
incluyen frutas como papaya y fresa. Esto
sugiere una brecha en el control directo de la
dieta del niño en entornos externos al hogar.
De este modo, la periodicidad de las comidas
se mantiene en un esquema bastante estable
centrado en el desayuno, almuerzo y merienda,
con variaciones que incluyen refrigerios a
media mañana y media tarde, especialmente en
el caso de los niños más pequeños. Esta rutina
indica una rutina alimenticia estructurada, que
responde tanto a costumbres familiares como
a necesidades de crecimiento, los problemas
llegan cuando se incluyen dulces altos en
azucares refinadas de manera excesiva.
Sin embargo, todas las madres mencionaron
haber enfrentado algún tipo de dificultad para
mantener una alimentación saludable. Ellas
reportan que sus hijos “no comen verduras”,
“no les gustan ciertas cosas” o simplemente
“no aceptan” determinados productos. Así, se
revelan tensiones entre el deseo de proveer una
dieta balanceada y la realidad de las
preferencias de sus hijos, lo cual genera
frustración y agotamiento de quienes los
cuidan. Esta es una situación que con el pasar
del tiempo ha resultado en ceder a hábitos
poco saludables que ofrezcan salidas rápidas a
los caprichos de sus menores.
Por otro lado, se encuentra la interferencia de
terceros en la dieta donde la madre 1 denunció
que, aunque en su casa se procura evitar los
dulces, los familiares insisten en ofrecerlos sin
consentimiento. Así, se identificó, una altera el
patrón alimenticio deseado que genera